Alejandro ROMEU - MIS DIAS CON CAMILIA
ultimo capitulo.
CAPITULO VI
La tres estrellas
Los días siguientes, Alan realizó algunas llamadas a viejos amigos, algún proveedor, y estudio varias posibilidades. Hizo un encargo en la imprenta y esa tarde preparó una caja especial que colocó en el maletín para dirigirse a la cita con Camilia. Su plan estaba en marcha sobre la base de un viejo sueño de ella, que Él trataría de hacer realidad.
-Vine a la cita porque estoy realmente intrigada, ¿Qué es eso tan importante que tengo que ver? -preguntó ella mientras daba otro sorbo a su jugo de naranjas dedicándole una dulce mirada.
Alan abrió su portafolio, y sacó una caja negra que depositó en las manos de ella.
-Ábrelo y lo sabrás -le dijo.
Camilia con delicadeza destapó el estuche y retiró dos coquetos frascos de cosméticos, cada uno tenia la etiqueta con el nombre y apellido de ella, y cada envase ofrecía dos productos distintos.
-¡Son hermosos! ¿ Pero qué es? -preguntó ella perturbada.
-Tu nueva línea de cosméticos, tu decidirás que fórmulas, y que fragancias serán usadas. Podemos aprovechar parte de tu clientela para iniciar las ventas, tengo un laboratorio que se encargaría de darte un espacio para que hagas experimentos previos –explico emocionado.
Camilia enmudecida miraba aquellos frascos de doradas etiquetas.
-¡En verdad no sé!, me toma por sorpresa -seguía diciendo ella con la voz entrecortada.
-Bueno, ordénate tu vida, porque en esto seremos socios, tu pondrás la parte más importante el conocimiento químico, y tu cartera de clientes, yo haré los contactos y otras cosas -comenzó a explicarle Alan, mientras le entregaba un pequeño esbozo en papel sobre algunas necesidades y continuo diciendo -dejarás de ser una simple vendedora para ser una fabricante y llevaran tu nombre.
Camilia quedo en estudiar la propuesta, y convinieron llamarse para volver a tratar el tema.
La mirada de ella, traslucía otras cosas hacia él, pero ella parecía querer ocultarlas. No dándoles aun salida.
Días después, ella llama para decirle que haría un viaje rápido a Córdoba, volvería en una semana y lo llamaría.
Pero no le llamó. Y pasaron tres semanas.
v
Aquella tarde en la casa de Amado, Alan se aseguro bien de las palabras de Julut.-Dices que cuando regresó de Córdoba se había olvidado mi número de teléfono y se los pidió ¿correcto?
-SI -contestó la niña.
-Entonces tu abuela le dijo que estaba en la memoria del teléfono ¿correcto?
-Sí -volvió a contestar ella.
-No entiendo su intención de llamarme y no hacerlo -continuó Alan.
-Siempre ella fue así, dice una cosa, hace otra - comentó Fátima mientras volcaba delicadamente el azúcar sobre el mate.
Fátima se levanto un por un instante a la cocina, Alan encendió un cigarrillo, Julut lo observaba con tristeza
-¿Te ocurre algo? -preguntó la pequeña.
-Nada -contestó pensativo mirando esas paredes y los muebles de aquel cuarto donde había pasado hermosos momentos. La sala no era la misma, y todo le recordaba a Camilia.
La niña se levantó y le acerco un cenicero dorado con un dibujo de ave.
-¿Seguro que no te pasa nada? -
-¡No!.. ¡Estoy bien! -contestó él mirando aquella silla donde Camilia solía colocar su saquito y valija de cosméticos.
Alan sentía que su garganta se apretaba, y sus ojos se llenaban de lagrimas. No quiso que le vieran así.
-Se me hace tarde -dijo y se retiró.
El ascensor hizo "tac" una vez... y cinco veces mas retumbo en sus oídos, "tac", y se detuvo por última vez en aquel mural de la torre de Babel donde los hombres fueron castigados por Dios por buscar la felicidad eterna.
Entonces comprendió que jamas volvería a cruzar esa entrada, que no tenia sentido ir a un lugar que le recordaría por siempre a una mujer que aprendió a amar en silencio.
Gano la calle, y se abandonó a la pregunta que no podía contestarse. Porqué.
v
-Hola ¿eres Alan M? --Sí.
-No me conoces, soy una amiga de Camilia, mi nombre no importa, no sabia si debía llamarte pero..., creo que tenias que saber una cosa -
-¿Una cosa?
-Entre Camilia y yo no tenemos secretos, y ella debió decírtelo pero, al mismo tiempo... no quería -
-¿Que es lo que debía saber yo? -
-¿Tu no eres musulmán verdad? -
-No -
-¿Pero conoces sus costumbres? -
-Sí..., algo.
-¿Y sabes que en la casa del primo de Camilia esas costumbres se respetan mucho? -
-SI... creo que sí..., la madre de Amado especialmente -
-De ella quiero hablarte, hace mas de un año..., la madre de tu amigo viajó para las fiestas a Catamarca hubo un problema allí, discutieron entre las hermanas, fue muy grave. ¿Lo sabías?-
-¿Grave? ¿Por una ensalada de frutas viejas que debió haber tirado? No lo creo.
-¡No! ¡No!, veo que todos te han ocultado el motivo verdadero -
-¿Ocultarme?-
-El viaje de la madre de Amado tenia un claro propósito, el arreglo de una esposa para su hijo, por lo visto el padre de la novia daba su consentimiento... -
-No entiendo... -
-Te lo explicaré, la intención era que Amado desposara a Camilia... -
-¿A Camilia..., pero si es la prima...? -
-Como lo oyes, entre los árabes es común, pero Camilia se opuso enérgicamente a que dirigieran su vida..., y también la madre de ella..., ahora bien, entras tú a la vida de Camilia y de la mano de la misma mujer, que quería negociar el casamiento con su hijo, bueno... esto no le cayo bien a Camilia, ni a la madre como te imaginaras... -
-Yo no sabía nada de esto, pero... ¿cómo negociar?, la madre de Amado se ofreció porque me dijo que había como una costumbre, yo acepté por eso... -
-Solo en la cabeza de ella siguen existiendo esas costumbres..., además en mi opinión personal, como mujer, me resulta sospechoso que una madre que le han rechazado un hijo, sea tan colaborativa con un extraño.
-¿Que quieres decir?
-¡Olvídalo!, pero yo te pregunto: ¿Cómo crees puede sentirse una mujer como Camilia que le buscan marido a la usanza antigua y la negocian como un objeto, delante de toda la familia?, y estas cosas se rumorean por ahí, ¡es terrible para una chica pasar eso!.. -
-Yo no sabía.... ¡Juro que no lo sabía!..-
-¿Porque me llamaste? la verdad -
-Porque.. Eres como yo un occidental..., los árabes tienen ciertos rayes, y a los sentimientos los trabajan distinto, ¿entiendes?, Camilia tiene un problema y esta en su propia familia, además es muy orgullosa, y menos valiente de lo que ella dice para algunas cosas..., en mi opinión contigo cometió un error, pero ya es tarde. ¡Olvídala!, Sé lo que te digo..., además es mas musulmana de lo que ella se cree..., lo siento por ti..., realmente lo siento... ahora debo cortar.
-Hola... ¡hola...! ¿Hola...? -
v
Entonces pasaron las horas, los días, y las semanas en que Alan trataba de buscarle un sentido a todas las cosas.
Camino por las mismas calles, y por nuevas calles, hasta que un día allí estaba, justo detrás de una columna que lo ocultaba, para contemplarla, sin que ella se diera cuenta de su regreso. Como si fuera la primera vez y el primer momento.
Observo a su hijo pequeño, de iguales rasgos finos, tersa piel, y ojos tan grandes como los de su madre.
Hacían un hermoso marco familiar. Ese que alguna vez soñó.
Cerró sus ojos por un momento para recordar...
... Pero, no había mas que recordar, se encaminó unos pasos hacia ella por un costado, volvió a cerrar los ojos, desfilaron en su mente la mirada de ella hurgueteando los cajones de su alma, la cuchara brillante undiendose en el líquido verde, los ojitos llorosos el día que se le declaró, y las imágenes se le fueron fraccionando y dispersando en trocitos de un puzzle imaginario hasta que un extenso y pesado humo de pipa lo fue nublando todo, se detuvo por ultima vez y se dio vuelta para contemplarla en compañía de su esposo, aquel árabe...
Alan respiró profundo el aire caliente de ese desierto interior que lo consumía, y se abandonó a las arenas, aquellas, de la peatonal en ardiente verano, de la ciudad de Córdoba.
Y aunque sigan faltando tres estrellas en el cielo, ¡Quien se va a dar cuenta!.
v
"Oye Hakim si tu me has condenado por orden de un cadi, de costumbres y leyes que no conozco. A perder la oportunidad que fueras mi ultima en esta vida. Como Alá dice después de los tiempos, nacerá otro tiempopara los justos, y yo estaré allí y tu también, entonces
serás mi primera.."
v
fin de relato
Al Señor
Alejandro Romeu
Escritor
Yo he observado realmente que en el cielo hay ausencia de tres estrellas, son faltantes desde mis dominios en el desierto de la Región Arábiga Oeste.
No puedo aceptar que un hombre de Occidente con la belleza de pensamientos por tanto amor a una mujer árabe, haya podido acompañarse solo de la soledad de su recuerdo.
Aun me repito aquellas sabias palabras de su libro, MIS DIAS CON CAMILIA, que dicen: "no hay espacio en la tierra, mas grande vacío, que el que no llena una mujer".
Por tanto, extiendo esta invitación, para pasar Ud. y su protagonista, unos días en mi humilde palacio, aprovechando la temporada de caza, y observar si dentro de mi harén, se encuentran realmente aquellos hermosos ojos que el alma busca y tal vez lleven en verdad otro nombre.
Y así dar por fin descanso a las tres estrellas que dicho firmamento faltan.
Los arreglos Ud. los hará con mi fiel Abdul, a fin de poner mi avión a su disposición, Atte.
Por el grande y bien amado de Ala.
firmado.
- HAMAD AL-AHMED III
- EMIR
- Abudhabi –Emirato Oeste Región
- Arábiga –Desierto ad jud
- Emiratos Arabes Unidos
Al muy respetable señor
HAMAD AL-AHMED III
Atento a su honrosa carta respondo en nombre del personaje de la novela, Alan.
A mi entender las estrellas del Oriente han cumplido el deseo, pues Alan pidió: ¡Camilia, para que su amor sea por siempre! -dijo una vez y frotó. Y así tres veces.
Yo le pregunto, Gran Señor, a Ud. que guarda los secretos de su raza, sobre los sentimientos de los hombres.
¿Es acaso eterno en la Tierra el amor?
¿Cierto que no? Que todo amor algún día muere, o desvanece por el desgaste de su propia llama que se extingue.
La única forma que, un amor se proyecte a la misma eternidad, es cuando no se consuma y quede vívido por siempre en la mente de quien lo siente.
Piense ahora en el amor que no pudo ser en su vida Gran Señor y sentirá como sigue fuerte en Ud.
Alan, entiendo, llevará la impronta que sintió por esa mujer, eternamente.
¡Las estrellas han cumplido!. Pero, Señor, si en vuestro cielo faltaran tres estrellas, me habla de su buen corazón como árabe. Haciendo que sus ojos "no quisieran ver", borrándolas engañosamente del firmamento solo por ayudar la desdicha de un corazón pungido.
¡Vuelva a ver el cielo con paz en su corazón. Observará que ahora, esas tres estrellas están allí.
Que Alá le proteja siempre llenándole de la Gloria de los Grandes.
EL AUTOR.
fin de ultimo capitulo.
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