Alejandro ROMEU - MIS DIAS CON CAMILIA
quinta parte.
CAPITULO V
La respuesta
Era un Lunes, ¿Cómo sería hablarle a una mujer musulmana de amor? Pensaba él mientras rasuraba su cara, para que quedara lisa y perfecta para la noche.
¿Cómo podía decirle que la amaba de golpe e intempestivamente?, Se preguntaba, mientras estudiaba alguna rebelde arruga de su rostro.
Apenas si se conocían, y todo estaba por decirse ¿Alcanzaría un primer encuentro, tal como esa vieja tradición oriental parecía indicar para hablar del corazón?
Aun así Alan se sentía capaz de escribir miles de hojas sobre todas las cosas que sentía por ella, y crear un nuevo Hadiz complementario, exclusivamente de esos sentimientos.
Al llegar al departamento de su amigo, la puerta fue abierta por Julut, que lo recibió con una sonrisa cómplice, esas que hacen las niñas cuando se enteran de futuros noviazgos y casi al oído le dijo:
-Camilia ya llegó ¿van ha ser novios los dos? -Alan prefirió evitar la respuesta aún sin respuesta para él y la buscó con la mirada, para descubrir que ella hacia lo mismo del otro extremo de la sala, pero mas tímida, con esa timidez hermosa que aveces brindan las mujeres y que en verdad es solo ficticia porque ellas dominan estas situaciones con total maestría y perfección.
¿Que tal como anda? -escuchó la típica tonada de su amigo impedido de fumar por la presencia de Ana.
Alan observaba un extraño clima ese día, Loreta y Omar no hablaban tanto, Ana y Amado se cruzaban pocas palabras, la madre de Camilia parecía expectante. Y Julut en silencio lo miraba y sonreía.
Loreta y Fátima habían hecho finalmente las pases esa mañana, que se rubricó con un regalo que Fátima recibió para su cocina, un hermoso microondas.
Suegra y nuera sonreían. En especial porque para estrenar el regalo a Ana se le ocurrió fabricar una panecillos en microondas.
Cuando salían horneados, tenían un formato tan blando que era imposible mantenerlos en la mano sin que perdieran la forma, pero pasado uno minutos quedaran tan duros como una piedra.
Ese día no hubo pan en la mesa. Solo pequeños cascotes blanquecinos.
Fue una cena tranquila, sin complicaciones, de carnes y ensalada. Ningún plato de ayer. Tripa rellena, suaves choricillos hechos a mano y cocidos en caldo.
Ensaladilla de perejil- tabbule, el puré de garbanzos o hummus. Cordero relleno. Dátiles y petit fours árabes como postre.
Café a la turca y el anís Tumba helado.
En la mesa Alan y Camilia evitaban mirarse, como guardándose esa necesidad intima para mas adelante.
Pero ambos se sabían.
Y se instuían en los movimientos el uno del otro sin necesidad de levantar la vista. Eran tan iguales. ¡Cómo que eran del mismo signo astrológico!...
Él hizo un gesto que era hora, Camilia pareció esperar ese momento anticipadamente porque inmediatamente se puso de pie y buscó sus cosas.
Fue entonces que aparecieron algunas indirectas por parte de Omar y Loreta, que fueron acompañadas por risas cómplices del resto.
Alan sintió mucha vergüenza, descubriendo que el extraño silencio en la atmósfera de ese día era una señal de respeto hacia un tema que nadie quería tratar, pero del cual estaban todos expectantes.
¡No hay nada mas terrible que un grupo de gente esperando que algo ocurra, cuando eso que debe ocurrir es el propio futuro amoroso de uno!
Es de imaginar que Alan lo hubiera preferido todo mas íntimo, pero, considero así eran las costumbres musulmanas de sentimientos en las familias.
¡Vaya la usanza oriental!... penso él. Todo mundo observando de primera fila y uno sintiéndose un carnero desgollado.
En el ascensor bajaron los seis pisos en silencio, solo se escuchaba el " tac..." tac... retumbando en toda la pirámide.
Fue ya en la calle, que Alan sintió por primera vez la libertad de estar junto al ser que amaba, lejos de las miradas de todos.
Camilia parecía sentirse mas suelta para actuar y menos formal.
Caminaron algunas cuadras hablando del tiempo, el trabajo, y todas esas cosas que se dicen para encontrarse en cuantos temas se opina igual.
-Creo que nos llevaremos muy bien, ambos somos muy iguales en las cosas -dijo él.
-Al contrario dos personas iguales se chocan, deben ser opuestos -contestó ella.
Alan buscaba algún signo o conducta extraña propia de los musulmanes pero Camilia se comportaba como cualquier muchacha, y parecía estar muy lejos de la imagen que Fátima le había marcado en un comienzo sobre ella.
Hubiera preferido una salida sin mayores compromisos y conocerse mejor, pero las costumbres parecían indicarle que debería directamente hablarle de sus intenciones tal cual correspondía a toda muchacha seria del Islam.
Se decidieron por una confitería de la Av. San Juan, con tenue luz amarilla y fuerte música de fondo.
Camilia estaba mas hermosa que nunca. El fue embriagándose viéndola y se sintió rodeado de almendras, nueces, piñones, avellanas, higos y dátiles, en especial estos últimos que como en el oasis, esperaban al viajero para saciar su apetito
Los temas fueron variando, Camilia extracto su vida desde que partió de Catamarca para iniciar estudios en la Ciudad de Córdoba, donde recibió su titulo de Química. Recordó algún triste episodio entre su padre y una empleada de raza negra. La muerte de su hermana en sus propios brazos y su deseo de libertad e independencia.
Vivía sola en la ciudad de Córdoba pero rodeada de muchos amigos, sus cursos de cosmetología y venta de cosméticos la mantenían ocupada todo el día.
Soñaba con su propio laboratorio químico.
Cuando le toco el turno a Alan, este fue mas breve al repasar su vida. Su título. Su primer matrimonio. Sus trabajos como profesor de historia. La temprana viudez, y otras cosas a las cuales no daba importancia, ya que la vida para Él se iniciaba esa noche con otro curso.
-¿Hay algún problema entre tu madre y la madre de Amado? –pregunto entonces con mas confianza.
-No, solo que cuando fue a Tinogasta, en la casa de mi madre, hizo una ensalada con frutas viejas, y fue todo un lío. –respondió Camilia tomando un sorbo de café y alejándose del tema.
¿Con frutas viejas? –Queda pensativo Alan.
-Si estaban para tirarlas a la basura, mi madre se lo dijo pero ella se empecinó en hacer la ensalada de frutas – explico ella como no queriéndole dar importancia.
¿Y por eso la pelea? ? -Insistió Alan sin entender.
-Bueno..., hubo otras cosas, pero... ¡Sí! Fue por la ensalada. -dijo Camilia dando por terminado el tema.
Ella le comentó entonces que en dos o tres días regresaría a Córdoba.
-¿Y si alguien te pidiera que te quedaras? -preguntó sorpresivamente él.
-¿Alguien? -repitió Camilia confusa.
-¡Si! Yo -afirmó Él mirándola a los ojos.
-¿Y porqué? -respondieron esos ojos bellos.
-Porque desde el primer momento que te ví, sentí un montón de cosas, y sin querer me enamoré de vos -continuó Él.
-¿De mí? -respondió ella tímidamente, y giró su carita a un costado de vergüenza y llena de confusión.
-Sí, estoy enamorado de vos, de como sos -siguió diciéndole, mientras observaba los ojos de ella nublarse por lagrimas en forma incontenible.
-Pero, no puede ser, ¡recién me conoces! -dijo ella mirando hacia un lado y otro de la pared mas confundida y perdida. Y continuo diciendo: Yo pense que querías que colaborada en la Fundación que tenes con Amado, jamas creí que fuera... –y la vos de ella se entrecorto.
¿No sabias porque te invite a salir? –repregunto asombrado Alam como si algo no estuviera claro allí.
-No, no lo sabia, no pense que... - contesto ella.
-No espero que me contestes ahora, tómate un tiempo yo esperaré -terminó diciéndole él.
Mas tarde la acompaño hasta la puerta del departamento de su amiga en la calle Viamonte al 2500, intentó despedirla con un pequeño beso en la boca.
-¡No!.. -dijo ella girando su rostro.
¡Cuídate mucho! -se despidió Él.
-Tú también -dijo ella, y la vio perderse por el pasillo del edificio hacia el ascensor.
v
Siempre fue costumbre en la mujer, no dar un "si" apresurado, Alan comprendía que parte tal vez del ritual o costumbre musulmana con una mujer, era confesarle todo el amor y sentarse a esperar su respuesta.
Cuanto más tardara una mujer en responder, más valor tendría el premio de su amor.
Dos días le parecieron una eternidad de tiempo y decidió llamarla para la esperada contestación, la que se convino sería a las ocho de la noche.
En un bar de la Av. Belgrano y Tacuari, se sentaron, Camilia lucía bellísima, como se preparan siempre las mujeres para decirle que "si" a un hombre, sus labios reflejaban una pasta brillosa que resaltaba mas sus carnosas formas. Se sentó de buen animo frente a él y lo comenzó a mirar con dulzura.
De los temas triviales y rápidos, se hizo un silencio era el momento de la ansiada respuesta, esa que todos los hombres esperan para construir un nuevo mundo.
-Estuve pensándolo mucho, y ..., sucede que yo vivo lejos de aquí..., en Córdoba, y.... además toda la familia esta enterada y... no va a poder ser... -comenzó diciendo Camilia, y prosiguió -Pero..., puedo ser tu amiga si me lo permitís, y conservar nuestra amistad, pero nada mas... –
Alan escuchaba en silencio, y le parecía vivir una pesadilla. Ella como un ladi le dictaba condena. Intentaba descifrar los motivos, esos ocultos que Camilia silenciaba, porque los ojos de esa mujer decían otra cosa distinta a esas terribles palabras.
-Pero ¿acaso yo te he ofendido en algo, ¿hice algo incorrecto? -se aseguró Alan.
-¡No!.. ¡No!.. No es eso, ya te dije, la distancia..., la familia... no me gusta que la familia...., sepa cosas mías, todos estaban enterados de mi...de vos... –
¿Todos enterados? –se repitió para adentro Alan, tratando de ensamblar una clave que no estaba clara para él.
Y a pesar que Alan no opuso resistencia a los argumentos de Camilia, se despidieron para seguir como amigos.
Solo anduvo un par de cuadras, detuvo su vehículo, arrancó la lámpara de Aladino y la estrello contra la acera, comenzó a patearla una y otra vez, mientras sus ojos se llenaron de lagrimas y ya agotado quedo sentado en el cordón de la vereda aun con el motor en marcha.
v
Un día después, no terminaba de convencerse de las verdaderas motivaciones del rechazo, porque como se había dicho, las palabras de Camilia no iban acordes a su mirada la que le expresaban otro sentimiento.
Y como era común en Él, siempre persistente en lo que quería, desarrolló un pequeño plan que pondría en marcha.
v

